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lunes, 11 de diciembre de 2006

Fin de semana en Dublín

Aprovechando los pírricos precios que es posible conseguir para vuelos dentro de Europa decidimos irnos a pasar un fin de semana en Dublín como el que se va a Sevilla (fueron 50€i/v con tasas e impuestos incluídos, ya le gustaría a RENFE...)

El viaje, salvo la vuelta, estuvo genial, y tuvimos ocasión de dar un repaso intensivo por muchos de los lugares con más encanto de la ciudad: St Stephen's Green, Trinity College, la Catedral de San Patricio, Temple Bar, El Castillo de Dublín, Grafton Street...

Además de seguir las huellas de Joyce y palpar el ambiente de los pubs irlandeses también visitamos el Museo de la Cerveza Guinness (si, la del libro de los records) En la parte superior se ubica el Gravity Bar, donde con la mejor pinta de Guinness del mundo en la mano se puede disfrutar de una buena perspectiva sobre la ciudad.

Mención aparte merecen las esculturas de Dublín, originales y repartidas por toda la ciudad. Todas con su apodo, como Molly Malone, alias la fulana con el carro ('The Tart With The Cart')

Ah, si visitáis Dublín no olvidéis tomaros un buen capuchino en alguno de los múltiples Butlers Chocolate Café que pueblan la zona centro. Con cada bebida viene incluído un riquísimo bombón a elegir de entre todos los del expositor. ;-)

Para el que quiera ver más fotos he puesto este albúm en flickr con el correspondiente pase de diapositivas.



domingo, 10 de diciembre de 2006

Vuelo cancelado.

Imagináos en un país extranjero. Conseguís pasar todos los ridículos controles de seguridad aeroportuaria y estáis esperando junto a la puerta de embarque para subir al avión después de un fantástico fin de semana. ¿Qué cara se le queda a uno cuando ve esto?





Pues aproximadamente esta ->


Eso es exactamente lo que nos pasó a la vuelta de nuestro reciente fin de semana en Dublín. Un temporal con ráfagas de viento de hasta 150km/h obligó a cancelar 59 vuelos. Las consecuencias no os las recomiendo: un aeropuerto en absoluto caos.

Las azafatas de la compañía sólo te daban un teléfono para pedir un sitio en el próximo avión. Por supuesto la línea estaba saturadísima.

La cola ante los mostradores de AerLingus llegó a las 8 horas, y mucha gente durmió en el aeropuerto.

Solución: Nos piramos a casa de Luis (gracias Luisete!!), nuestro colega en Dublín y volvimos al día siguiente temprano. Por suerte esa misma tarde pudimos salir de vuelta hacia Madrid.